Nuestra aventura empezó en Benabarre (pueblo de Huesca, Aragón) y, debajo del castillo, nos encontramos todo el grupo. Nos equipamos para pedalear. Se hacen las presentaciones y nos comentan el tipo de ruta que se va hacer. La ruta por el Montsec aragonés fue un recorrido de dos días por una zona deshabitada, remota, inhóspita pero a la vez misteriosa, atractiva y un paisaje que engancha y que a nadie deja indiferente. Descubrimos un territorio difícil de definir. Hay que verlo.
El primer día de nuestro recorrido fue de Benabarre al Albergue de Montfalco. Salimos dispuestos a vivir una gran aventura por unos lugares desconocidos que Sergio, nuestro guía, nos fue comentando, y a la vez pasar dos días de convivencias entre 28 personas entre hombres y mujeres. Los primeros kilómetros fueron tranquilos, fáciles de hacer y sirvieron para hablar, para conocernos. ¿Cómo te llamas? ¿De donde vienes? Y cosas sin importancia pero que van conexionando el grupo y se va cogiendo un poco de confianza entre todos. Después de cruzar un pequeño riachuelo, afrontamos la primera subida importante de la jornada. Fueron unos 3km duros. Y para Sergio todo estaba a 100 metros. Era su forma de animarnos. Aquí el grupo se fue partiendo y los mas fuertes se fueron distanciando mientras el resto cogiamos nuestro ritmo de subida. Los últimos tramos de la subida fueron más suaves y ya fui parando para hacer fotos y ver el verde paisaje. Llegamos al primer pueblo abandonado (Caserras del Castell), parada y pudimos hacer algunos comentarios y cambio de impresiones que sirvieron para tomar contacto entre los chicos y las chicas. Mientras esperamos al resto del grupo, nos hicimos fotos y disfrutamos del paisaje. En este pueblo abandonado encontramos a un grupo de bomberos haciendo prácticas con perros de rescate.
Una vez reagrupados todos, seguimos rodando por unos tramos llanos hasta coger un largo descenso donde disfrutamos de la velocidad, diversión a tope. Llegamos a una punta del pantano de Canelles y esperamos un rato para que llegaran todos. Hicimos fotos, algunos comentarios y ya se notaba que en el grupo nadie era un extraño, todos éramos un compañero más. Cruzamos el puente sobre el pantano y fuimos rodando por una pista al lado del pantano en continuas subidas y bajadas con algunos tramos llanos donde parábamos para hacer fotos y ver buenas vistas panorámicas del pantano y sus montañas. Afrontamos una dura y fuerte subida que nos llevo al centro o plaza de este pueblo abandonado (Finestres) donde teníamos nuestra carpa de avituallamiento y comida del mediodía; pero antes de comer, se hizo una excursión de casi una hora por un lugar sorprendente, espectacular, asombroso, mágico. Las murallas naturales de Finestres. En primer lugar las contemplamos desde un mirador y después bajamos a su base. ¡Impresionante! Pasamos entre las murallas hasta llegar a una Ermita al lado del Pantano Canelles. Fotos del grupo, comentarios y buen rollo entre todos. Regreso a la plaza del pueblo, comida y un rato de descanso.
Cuando todo el grupo estuvo preparado, seguimos la ruta. El calor de las tres de la tarde era fuerte, el ascenso por una pista de piedra fue duro y complicado. Recién comido y bebido, mi pedaleo fue lento y cansino. Entramos en un sendero con más piedras y con más obstáculos y se tenía que hacer un esfuerzo más para poder avanzar. Sudaba y por los cristales de mis gafas bajaban cataratas de sudor. Hice algunos tramos andando y después de un largo ascenso y pasar un largo calvario, llegamos a una explanada-mirador donde pudimos descansar y reagruparnos todos otra vez. Nuestras chicas llegaban casi agotadas como algunos de nosotros. Después de ver unas buenas vistas de todo lo que nos rodeaba, seguimos rodando por pista llana con tendencia a bajar hasta llegar a un cruce de caminos donde estaba el avituallamiento. Yo solo quería agua, mucho agua.
Seguimos rodando por pista en continua bajada donde me pude relajar un poco y disfrutar del descenso. Llegamos a Fet, otro pueblo abandonado en lo alto de una montaña y al fondo el pantano de Canelles. Desde un mirador disfrutamos de unas espectaculares vistas del pantano, de las montañas que nos rodeaban. En el grupo reinaba el buen rollo, se iban abriendo canales de entendimiento y de amistad. Desde el mirador se veía el albergue donde teníamos el final de la ruta del primer día; pero antes se tenía que sufrir mucho para poder llegar al albergue. Según Sergio, solo eran unos cien metros de subida. Se tuvo que pedalear por una zona muy dura y complicada. Dejamos el pueblo abandonado y fuimos descendiendo hacia el pantano por pista muy deshecha, muchas piedras, zanjas. Los descensos por esta zona eran complicados y se encontraban muchos cruces de caminos que nos podían confundir y así paso. Rodamos por unos tramos llanos y llegamos a un cruce un compañero y yo solos, y no sabíamos que hacer. Los que iban por delante, ni se les veía, ni se les oía. ¿Qué hacer? Mi compañero se quedo y yo seguí rodando por el camino con marcas de GR y lo acerté. Me encontré con Sergio que nos esperaba en la bajada de un barranco, de un complicado barranco que se tuvo que hacer andando hasta llegar a un riachuelo de agua clara donde nos refrescamos y esperamos al resto del grupo. Los que iban llegando decían que estaban buscando a un tal Carlos. Ese Carlos era yo que estaba bien y en el sitio adecuado. Según parece mi compañero dio la voz de alarma al irme solo. Casi todos me buscaban. No me pueden dejar solo. Una vez todo el grupo reunido, cruzamos el riachuelo y afrontamos la subida de un barranco con la bicicleta al hombro. No podía, deje las pocas fuerzas que me quedaban. Difícil, complicada y dura subida andando. Superado el barranco, se rodó por unos tramos de sendero y salimos a una pista donde esperamos otra vez al grupo. Una de nuestras chicas se mareo y después de recuperarse un poco, se decidió llamar a Dani para que la subiera al albergue con el coche todo-terreno. El resto continuamos rodando por una pista forestal con varias subidas, bajadas y tramos llanos hasta llegar a la pista principal que nos llevaría al albergue de Montfalco. Una dura subida de unos 3km. Afrontamos los primeros metros con facilidad pero poco a poco se fue endureciendo la subida y el calor nos castigaba fuerte y ademas se notaba el esfuerzo hecho en los senderos, en el barranco. Haciendo paradas estratégicas y ratos andando, pude hacer esta fuerte subida y llegar al refugio-albergue. Solo nos faltaba la excursión a una ermita y desde allí pudimos disfrutar de unas vistas espectaculares del pantano, de las montañas y el “Congost del Mont-rebei”. Un espectáculo natural.
Regresamos al refugio, ducha y charla de nuestro amigo Sergio. El ambiente era fabuloso y me encontraba muy a gusto entre los chicos y las chicas. Cenamos y pronto a dormir. Estaba cansado y no me quedaban muchas fuerzas. Había sido un día completo de convivencia, de amistad, de descubrir las montañas y los rincones maravillosos del Montsec aragonés. Fueron unos 50Km con varios tramos duros. Mañana seguiremos…